En la espera.

Es la primera vez desde que nos conocimos que pasó más de una semana sin vernos. Y a decir verdad me está volviendo loca. Mi Amo juega con mi cabeza, lo siento, lo sé. Me está preparando para lo que viene, algo nuevo, algo que nunca hicimos. Un secuestro. Pero para algo tan grande y tan intenso, debo prepararme psicológicamente para soportar los flagelos que voy a sufrir. Y Él se está encargando de que mi mente no deje de trabajar ni un segundo.
Entonces me pregunto si esto es intencional, si lo desea así, si es su manera de hacerme desear cada vez más ese momento. Y efectivamente lo logra.  Puede recorrer cada espacio de mi mente desde donde está, hacerme divagar, desear y excitar.
Me pone a prueba, me amenaza, me obliga a hacer cosas. Y yo, deseosa, lo hago, inmutable, sin reproches. Porque debo complacerlo y satisfacerlo de todas las formas humanas posibles.
Él tiene la capacidad de poder recorrer mi mente, mis pensamientos, sin limitación alguna. Logra desenmarañar cada una de las cosas que pienso y también de las que siento.
Pero esta espera no hace más que aumentar mis ansiedad.
A medida que pasan los días se me hace cada vez más complicado concentrarme en mis tareas, porque mi mente está ocupada pensando en nosotros, en Él, mi Amo. En cada encuentro que tuvimos, en cada sensación que recorrió mi cuerpo al sentir su respiración, sus manos, su cuerpo rozando el mío. Esto no me deja dormir. Paso las noches en vela, aferrada a mi almohada, mordiendo mis labios, sin poder parar de pensar en lo que viene, sin poder dejar que la incertidumbre abandone mi cuerpo.
Y me pongo a pensar, mientras espero deseosa su visita, que esto me hace sentir desprotegida, me hace sentir sola. Y empiezan a invadirme los temores, el miedo. Y comienzo a pensar que mi Amo no me desea, que ya no quiere verme más, que ya no soy capaz de satisfacerlo como Él lo necesita. Me aterra la idea de perderlo para siempre, y no volver a sentir esto nunca más.
Y en esta soledad, Él me mantiene alerta, me obliga a hacer cosas y me provoca. ¿Cómo lo hace? Con fotos. Haciéndome desear estar con el, tocarlo, pasarle la lengua por todos sus rincones. ¿Qué logra? Qué me masturbe, que toque todo mi cuerpo, que mi mente viaje imaginando que es Él. Qué es mi Amo el que me está haciendo volar de placer. Pero son mis manos y mi cuerpo sedientos del dolor, del placer y de nuestro sexo.
La ausencia de Él me desvaría, me desvirtúa, me hace comenzar a pensar en la autoflagelación como una vía de escape a este sentimiento de abandono. Pero sé que a pesar de todos mis intentos para sacar esto, no voy a lograr sino hacer que mi cuerpo y mi mente lo deseen más. Nunca un golpe mío va a lograr tener su precisión, su firmeza, ni me va a causar el dolor y ni la excitación que los suyos logran en mi.
Y ahora, sabiendo lo que se acerca, ese deseo se vuelve en un anhelo cargado de preguntas.

Comentarios