CAPÍTULO 7 – EL RAPTO

La historia de hoy comienza mucho antes. Es la primera vez que con mi amo no nos vemos por más de 10 días, y eso solo puede significar una cosa, que lo que viene va a ser lo más intenso que voy a vivir.
Durante los cinco días previos a verme, Él manipuló mi cabeza a un grado tal de hacerme confesar cosas que jamás imaginé decirle a nadie. Me preparó durante todo ese tiempo para lo que venía ese día, con amenazas, con obligaciones. Me hizo temer, describiéndome perfectamente lo que me iba a pasar la próxima vez que nos veríamos. Mi cuerpo se estremecía, no sabía si estaba realmente preparada para algo así, para ser secuestrada, torturada y violada, todo en una misma sesión.
En mi rondaban miles de emociones, sentimientos y pensamientos. Tenía miedo, ansiedad (mucha ansiedad), incertidumbre. Pero a la vez sentía una excitación que nunca había sentido, la intriga, tal vez el tiempo sin vernos, hacía que mi cuerpo responda a cada sensación con un grado de lujuria. Fue extraño, ahora entiendo el porqué de todo.
Estudiaba. En realidad, intentaba hacerlo, mi concentración era nula, estaba totalmente dispersa pensando en cada una de las cosas que Él dijo que iba a hacerme. Deseaba que llegara el día, pero desgraciadamente o tal vez no tanto, tenía examen al otro día. Sin embargo, hay algo mayor, que mueve mi vida, y es mi deber con mi Amo.
Ese día hice lo que mi amo ordenó. Ir a su lugar a sesionar.
Debo confesar que el miedo y la ansiedad que tenía antes, se intensificaron cada vez más, comencé a temblar, un frío recorría mi cuerpo.
El colectivo salía exactamente en una hora y media y mi obligación era llegar a tiempo si no quería que el castigo se intensificara más de lo que sería o peor aún que mi amo se fuera para siempre.
Comencé a preparar mis cosas, me dijo que no me olvidara de nada si no quería sufrir. Me asuste más aún. Guardé todas nuestras cosas desde el cajón en donde están a mi mochila. Elegí mi ropa, mis zapatos, alisté mi pelo y me maquille muy sutilmente. Salí corriendo, debía llegar a horario y ya me quedaban 40 minutos para llegar a la terminal, sacar el boleto y tomar el colectivo.
Llegué a tiempo. Subí al colectivo, mi corazón latía muy fuerte. Y ahí comenzó mi viaje. No quise olvidarme de nada, observé cada detalle, cara rostro, movimiento, lugar. Fueron las dos horas de viaje más largas de mi vida.
Cuando el colectivo entró a la ciudad le avisé a mi Amo que ya estaba a punto de llegar. Me dijo que me esperaba en su auto gris, que bajara y caminara directamente hasta donde estaba estacionado.  Y así lo hice, me baje primera y fui directamente hacia donde Él estaba, aterrorizada, a decir verdad no dejaba de temblar.
Me senté a su lado, en silencio, suspiré. Esbocé una sonrisa y un saludo tímidos. Me preguntó si tenía miedo,  si estaba nerviosa, a lo que asentí. Las palabras no salían de mi boca, no podía hablar, sentía un nudo en la garganta.
Íbamos camino a su casa, de fondo sonaba mi canción favorita de Maroon 5. Empezó a tocarme los pechos con mucha fuerza, subiendo lenta y firmemente la mano por mi cuello hasta llegar a mi boca y meterme los dedos adentro para que los chupe. Los nervios, se habían transformado en excitación, de manera casi inmediata.
Jaló de mi bufanda con tal fuerza que hizo que mi cuerpo, todavía inmóvil, se mueva hacia Él. Podía sentir su respiración jadeante.
Llegamos a su lugar. Me mostró sus cosas, mientras yo acomodaba las mías.  Repentinamente se aparece atrás mío y me agarra con mucha fuerza, mientras mete sus manos debajo de mi pantalón y me muerde el cuello. Cerré los ojos, mi excitación seguía en aumento.
Hace que deje nuestros juguetes sobre la mesa, controlando que no falte ninguno. Mientras ordenaba cada una de las cosas, toma mi bufanda y comienza a asfixiarme, comencé a sentir que mis piernas temblaban, Él lo sintió conmigo, se detuvo. Me mando a vestirme como su puta.
Para nuestra sesión de hoy elegí un body negro de cuero, portaligas de encaje negro y medias de red, mi pelo rubio cortado a los hombros perfectamente alisado, mis ojos de un negro intenso y mis labios color borgoña. Una vez lista, me quede parada, inmóvil al lado de la puerta de su habitación, el miedo había vuelto a paralizarme.
Mi Amo aparece sólo con su pantalón y la máscara, mirándome fijamente, obligándome a mantener la mirada. Me hace agachar y me hace chupársela, sin parar, metiéndomela hasta lo más profundo de mi garganta una y otra vez.
Me agarra del pelo, me levanta y me pone de espalda a Él con las manos sobre la mesa del ante baño y comienza a pegarme con la fusta, sin piedad, con todas sus fuerzas, haciendo que mire al espejo para ver como lo hace. Luego de unos cuantos pares de fustazos, me toma por el cuello, con fuerza, mucha fuerza, apretándome contra la pared, corre mi tanga y comienza  a penetrarme firmemente, tirándome del pelo, manteniendo mi cabeza erguida y manteniendo nuestras miradas unidas en el espejo.
Me hace arrodillar al frente de Él y vuelve a meterme su pene en la boca, lo más adentro posible, pero esta vez, comienza a asfixiarme, logro zafarme una única vez. Me apoya la cabeza contra el bajo mesada y me la mete hasta el fondo, haciéndome imposible respirar o moverme. Asfixiándome, una y otra vez, manejando Él con su poder en qué momento debía respirar, haciéndome toser de la asfixia, casi vomitar de la profundidad con la que me metía su pene en la boca.
Después  de eso, me lleva a su pieza, me empuja sobre la cama, atándome de manos y pies, detrás de mi espalda. Me vuelve a pegar con la fusta. Se sienta delante de mí y hace que se la vuelva a chupar sin parar una y otra vez, durante incansables minutos.
Mi excitación alcanza un grado tal, que logro sacar mis manos de los nudos de las sogas y ponerme por encima de él y comenzar a lamerlo por todo su cuerpo y montarlo. Pero no duró mucho, inmediatamente, se levantó, me tiró sobre la cama nuevamente y comenzó a pegarme latigazos, con una intensidad tal que logre mi primer orgasmo y en ese instante comenzó a penetrarme una y otra vez, incansable, con firmeza, hasta terminar y hacerme terminar de nuevo. Fue lo mejor del mundo.
Pero no termina ahí, me lleva a la ducha, me obliga a meter vestida, poniéndome de espalda a Él, bajo la lluvia, el agua tibia recorriendo mi cuerpo, mojando la tela de mi ropa, y comienza a pegarme fustazos, nuevamente, sin dejarme respirar entre uno y otro.
Frena solo para hacerme saber que lo estaba filmando, que quería que vieran lo que era ser yo, esclava.
Fue sin dudas, uno de los mejores días junto a mi Amo. Me hizo descubrir muchas cosas que soy capaz de soportar. Y se preguntarán si fui a rendir, sí lo hice, y fue la primera vez en 6 años que no le tuve miedo a nada, más que a Él.

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