CAPÍTULO 6 - LA DEVOCIÓN

Pensar qué me provoca de Él, qué causa en mí cada vez que lo escucho llegar, que lo veo a los ojos, me hace detenerme en el momento que lo ví por primera vez. Esa fue la mirada más intensa que alguna vez alguien pudo darme. Sentí como sus ojos desnudaban mí alma, como un frío recorría mí cuello, nunca pensé que sería algo así, perfecto. Porque si algo no puedo dejar de decir es que esto es perfecto, sin buscarnos nos encontramos y volvimos a apostar cada vez por más sin restricciones, sin barreras, viviendo y experimentando lo nuevo. Algo nuevo para los dos, algo que existía muy dentro nuestro pero que descubrimos juntos.
No tengo límites, no para Él. No existe nada que no pudiera hacer por esos ojos que me miraron tan intensamente, hasta desarmarme.
Si hay algo que debo confesar es que me gustaría poder entrar en su cabeza y susurrarle cuánto lo admiro, cuánto bien me hace todo esto, que gratificante es lo que me da. No puedo hacerlo así, pero sí puedo hacerle sentir muchas otras cosas que nunca había sentido y dejarme llevar a lugares dónde nunca había estado.
Mí amo trajo consigo toda la paz que necesitaba, todo. Me demostró que podía hacer cosas que ni yo sabía que era capaz, me enseñó a sentir de nuevo, a vivir, me trajo consigo un motivo más para seguir apostando a mis deseos, sueños y metas.
Y pienso cómo llegamos hasta acá, en qué momento fue que decidimos comenzar esto. La verdad es que no lo recuerdo, y no me importa ahora. Solo me interesa lo que logramos construir en tan poco tiempo, con solo nuestra imaginación, nuestras ideas.
Todo es una confluencia de deseos expresados en palabras, revelados en actos.
En actos en los que todo lo que hacemos, lo imaginamos y lo creamos sin leer, sin ver, sin envidiar. Juntos podemos más de lo que cualquier persona puede imaginar, hicimos cosas que nunca hicimos, el uno por el otro, y puedo apostar que lo voy a seguir haciendo sin medidas de tiempo, sumisa y subordinadamente.
Quiero volver a sus ojos. A hablarles de ellos, nunca unos ojos me miraron así, como ya se los dije, y nunca voy a sentir lo que siento cada vez que escucho la orden de mirarlo fijamente. Mí mirada se funde en la suya, y desea abrazarlo, todo el tiempo, que no se olvide que estoy ahí para acompañarlo.
Hay días en los que doy mí vida por una hora junto a Él. Me lleva a otra dimensión, primero, con cada golpe, con cada mordida, con cada vejación. Y eso se transforma en sexo, un sexo intenso con intervalos violentos, que cualquiera de ustedes desearía tener.
En donde cada penetración se pone al compás del látigo o la fusta, solo Él sabe hacerme sentir este placer. Él me hizo conocer esto. Mi primer orgasmo con penetración fue suyo, si eso no demuestra la intensidad de nuestro sexo y conexión no sé qué más lo hará.
Descubrí mí verdadera sexualidad, me hizo explotar todos los rincones de mí cuerpo, y del suyo. Puedo dibujar su cuerpo con mis manos, una perfecta silueta de Él, sin olvidarme ningún detalle.
Cada idea que sale de su cabeza se torna impredecible para mí, no hay nada para lo que pueda estar totalmente preparada, su mente viaja más allá en cada encuentro y me resulta inevitable no sentir una cascada de emociones, incertidumbre, ansiedad y a veces miedo.
Él saca de mi los temores más grandes, solo Él, nadie más podría.
Cada vez que siento su piel rozar la mía, mí cuerpo cae rendido a su cuerpo. Siento como empieza a correr por mí interior el calor, la excitación, generando un sinfín de sensaciones, de deseos. Nunca deseé tanto un momento, nunca deseé tanto a alguien como lo hago con Él.
Entre líneas, siempre, puedo escribir algo desde lo profundo de mí corazón, pero nada como ahora.
Pasan los días, y seguimos descubriendo cada vez más el uno del otro, nos sentimos, nos deseamos. Descubrimos que todo esto tan particular tiene un sentido, que nuestras ideas se junten y construyan esto, tan distinto, tan excitante, tan apasionante, tiene un por qué.
Nos encontramos y no fue casualidad, muchas cosas tuvieron que darse para que pase. No lo buscábamos, lo queríamos, y sin saberlo pudimos descubrirlo juntos, descubrir esto nuevo para nosotros, intenso y único.
Y desde que mí mirada se fundió con la suya, no queda más espacio en mí mente ni en mí alma, para pensar ni desear otra cosa. Yo lo siento y el también, estoy segura. Somos el uno para el otro, sin medidas, sin barreras.
Buscamos lo mismo y en el camino de búsqueda nos descubrimos, cada vez conocemos más el uno del otro, cada vez sentimos más y cada vez nos deseamos con más intensidad.
¿Qué es lo que realmente siento?, deseo, anhelo y excitación.
El deseo me deja soportar toda la violencia, todos los golpes, las quemaduras, la asfixia, la sofocación.
El anhelo me lleva a querer más y más, a someterme y fundirme en su voluntad, a ser cada vez mejor como sumisa, como esclava sexual.
Y la excitación me deja sentir, me deja sufrir. Hace que cada vez quiera que sea más duro conmigo, que mi única necesidad sean sus golpes, sus marcas, esas marcas que no puedo dejar de ver una y otra vez, que me recuerdan a Él. Que me recuerdan sus ojos.

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