CAPÍTULO 5 - LA SUMISIÓN EN ESTADO PURO.

La sumisión en estado puro. Así empiezo mí historia hoy. Totalmente sumisa, entregada de cuerpo y alma a Él. Totalmente transportada a otra dimensión. Siempre me sorprende, esta vez no fue la excepción.
Durmiendo, me llama, tomándome totalmente desprevenida, avisando que llegaría pronto. Yo con el corazón latiendo a mil, pensando en todos los detalles que tendría que preparar apresuradamente. Todo debe ser perfecto para mí amo. A pesar de que me tomó por sorpresa, yo lo esperaba con más ansias que nunca. Hoy usaríamos una máscara.
Como en cada encuentro, Él me obligó a dejar todas las cosas en su lugar exacto, como las tenemos en cada una de las sesiones, por lo tanto, prepare nuestro cuarto de juegos, sin olvidarme ningún juguete, ninguna vela, ningún detalle.
Tal vez los dejé pensando con la introducción en este nuevo accesorio a nuestra encuentro, una máscara, de negro acharolado, un negro muy brillante, en donde solo pueden verse ojos y boca. Estar con eso en la cabeza no solo que provoca temor al sumiso, sino que aumenta las sensaciones, uno puede escuchar como si estuviera aislado del mundo su propia respiración. No hay nada más excitante.
Pero como dije estaba ansiosa por su visita y aunque no haya estado esperándolo, si estaba preparada, muy preparada. No solo había agregado la mascara sino que también agregué una nueva fusta. Hoy habría un castigo diferente.
Obligó a vestirme. Esta vez sin ninguna sugerencia, podía elegir libremente que ponerme. Y vaya que ya lo había pensado. Por eso es que esta vez, libre, si es que podría decirlo así, elegí una tanga muy pequeña en rojo, muy pequeña; portaligas negro, sumando está vez unas medias negras de red, una pollera de cuero y un top acharolado, negro, brilloso, como la máscara, perfecto para esta situación, acordonado en la espalda, dejándola al descubierto, toda para mí amo.
Un maquillaje sutil, con mis labios carmín y peluca negra.
Lo esperé de rodillas, totalmente en una posición de sometimiento, vasallaje y humillación. Con mis manos apoyadas en el piso y mí respiración, cada vez más intensa.
Escucharlo llegar, entrar, sentirlo tan cerca, podría desvanecerme. Pero no lo hice, me mantuve firme. Escuchando todo, con mis sentidos alerta.
Sintiendo que se acercaba, me toma por la espalda y me pasa ambas manos, como quien quiere recordar algo sin ver, repasando cada rincón.
Arrodillada, después de sentirlo recorrer mí cuerpo con sus manos, siento el primer golpe, un fustazo. Y fue así como ese dolor, que se transforma automáticamente en excitación, se apoderó de mí y de mis sentidos. Ya estaba rendida nuevamente a sus pies. Vuelve a pegarme, con mucha intensidad, me toma por la nuca y hace que le practique sexo oral, realmente extrañaba hacérselo, haciendo con mis manos que penetre en lo profundo de mí garganta.
Me toma del pelo, ya sin peluca, muy fuerte, me apoya contra la pared, mordió mí espalda, y comenzó penetrarme, intensamente, sin vacilar, con todas sus fuerzas haciéndome desear cada vez más y más. Me vuelve a arrodillar para que continúe succionando su pene, azotándome cada vez que intentaba respirar, haciéndome asfixiar.
Se sienta en una silla, me apoya boca abajo sobre sus rodillas y comienza a pegarme, a azotarme en las nalgas, descargando toda su energía, con su máxima fuerza, sin parar, sin dejarme respirar.
Me levanta, toma las sogas y comienza a asfixiarme, sin vacilar, hasta que no pude respirar más, me deja tomar una bocanada de aire y continúa con la asfixia. Me excita, mucho.
Con fuerza, me tira contra la mesa, boca abajo y me obliga sin cesar que lo mire a los ojos, para que vea su rostro cubierto con la máscara. Confieso que me atemorizó. Sentí que no era mí amo, sus ojos me mostraban el deseo y su necesidad de azotarme, de hacerme sufrir, de marcar mí cuerpo.
Mientras me ata las manos a la mesa, se sube y hace que le siga practicando sexo oral. Se baja y comienza a practicarme sexo anal, uno muy intenso, agarrándome el pelo, haciéndolo sin parar, cada vez con mayor velocidad, sin detenerse, hasta eyacular. Fue algo distinto, disfruté, gocé y deseo que vuelva a hacerlo.
No hay una vez que pueda predecir lo que Él va a hacerme, de las maneras que va a torturarme, que va a vejarme y hacerme disfrutar, sin límites, máxima para cada una de nuestras sesiones. No existen los límites, solo deseamos que cada encuentro sea único, irrepetible y auténtico. Todo fruto de nuestra imaginación. De la de mí amo en la mayor parte.
Mí deber como esclava es obedecerle, sin reproches, sin medidas y para toda la vida.

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