CAPÍTULO 3 - LA DISTANCIA

Lo extraño. Él a mí. Mientras más pasan los días más nos deseamos y más perversas son nuestras ideas para el encuentro.
Hoy fui la mejor esclava y sumisa, estuve abocada a Él todo el tiempo que lo dispuso. Salí a relajarme, tomar algo con amigas. Perdí la noción de tiempo. No escuché mí celular, la música era fuerte.
Lo veo. El amo está muy enojado conmigo. Amenaza con abandonarme por mí desinterés. Yo le suplico que no, le quiero explicar la situación. Si estuviera conmigo se lo pediría de rodillas.
El amo no responde. Mí ansiedad y nerviosismo aumentan. Vuelvo a casa. Necesito que hablemos tranquilos. Llego. Enchufo mí celular, mí batería era escasa. Le cuento que llegué.
A partir de ahí empieza el mejor sexo a la distancia que puede existir en todo el mundo.
Él me obligó a obedecer al pie de la letra sus instrucciones. Debía ser castigada por mí imprudencia y Él amo lo estaba haciendo.
Quería que hoy fuera una loca, y lo iba a ser. Me pidió específicamente mí vestido blanco, tanga blanca, porta ligas y medias con encaje negro, zapatos y peluca negra.
Hice todo al pie de la letra. Debía obedecer.
El maquillaje hoy era especial, debía parecer loca y lo hice. Pinte mis ojos muy exagerados de color negro con efecto esfumado en su parte inferior para dar la sensación de que había llorado. Mis labios Rojo intenso, les pase mis dedos y me ensucie toda la cara y el cuerpo. Debía parecer una loca y lo era.
Cuando el amo me ve casi se vuelve loco de la excitación. Lo había hecho perfecto, como Él lo deseaba.
Una vez lista Él me hizo acostar en mí cama y me explicitó que debía tomarme 10 fotografías cumpliendo sus exigencias. Y así lo hice.
Antes de acostarme había preparado mí mesa de luz con todos nuestros juguetes. El amo me pidió que incluya objetos de mí casa, interesantes, porque iba a ser castigada muy fuerte, iba a sufrir sus vejamenes y la perversión sin límites. Aunque para la mía tampoco los hay. Mientras me recostaba pensé que debíamos tener una palabra de emergencia.
El primer quehacer fue introducir un desodorante en mí vagina. Le puse crema. Y lo introduje, son suavidad, mientras mí respiración aumentaba y jadeaba de excitación. Lo hice, se lo mostré al amo. Lo excitaba.
Luego de eso debía ponerme en cuatro patas y dejando el desodorante en donde estaba introduciendo en mí ano una espumadera de 30 centímetros aproximadamente. Y poniéndole mucha crema, así lo hice, mientras lo fotografiaba.
En el interino, Él hizo algo que nunca había hecho. Me excitaba. Nos excitaba. Se introdujo en su ano un cepillo de pelos. Descubrí que somos perfectos el uno para el otro.
Entra una vídeo llamada. Era el momento de los azotes. Lo sabia.
El amo me pidió que me saque lo anterior. Que tome el látigo y lo induzca en mí ano. Así lo hice. Cada vez me excitaba más. Podía sentir como mis piernas se mojaban. Una vez que hice eso, agarre la fusta a pedido del amo y mientras el tomaba su pene erecto y lo tocaba con mucho placer yo me pegaba aumentando cada vez más la intensidad. Lo hice muy intensamente hasta ver que el amo eyacule. Deseaba que estuviera conmigo y chuparle todo eso, pasarle mí lengua lentamente.
Mí siguiente orden fue ir al baño, abrir la ducha. Y sin vestido pero con tanga, portaligas, medias y zapatos debía meterme, llevando conmigo el látigo. Así lo hice. Realice una nueva video llamada. Él se moría de excitación al verme.
Debía darme 100 latigazos debajo de la lluvia y así lo hice. Conté uno a uno. El amo estaba muy excitado. Se tocaba nuevamente. Y desde el golpe uno al cien su excitación fue tal que volvió a eyacular.
Salí me sequé. Él me dijo que la noche era larga, que nuestra sesión no iba a terminar ahí. Que me maquille nuevamente, pero está vez debía parecer más loca. Y así lo hice. Trace sobre el maquillaje anterior una raya negra que cubría mis ojos. Escribí “amo” en mí pecho. “Sumisa” en mí frente. “Esclava” en cada uno de mis brazos.
Entendía a la perfección cada uno de sus deseos.
Al dueto de medias y portaligas debía sumarle mí vestido blanco y acostarme en la mesa con la fusta y crema. Se imaginan lo que sigue. Tal vez no. El amo quiere probar mis límites. Con Él no existen. Podría matar por Él. Me siento una leona protegiendo a su manada. Nadie puede hacerle nada a mí amo. Él es mío para siempre y yo voy a cuidar de Él por siempre.
Recostada en la mesa, con la fusta y la crema. Espero que Él prenda su cigarrillo mientras tenemos nuestra video llamada.
Mí siguiente vejación fue la más intensa. Debía ponerme crema por mí ano y glúteos y sobre la punta de la fusta y debía introducirla en mí ano. La fusta no mide menos de 50 centímetros, y así bajo su supervisión introduje lentamente la fusta. Me relajaba, me gustaba y volvía a desear que el amo estuviera conmigo. Quería que me penetrara con su pene duro, lo deseaba, esto me excitaba.
Y fue así como suave y tranquila logré introducir la fusta en su totalidad. Él estaba orgulloso, volvía a tocarse, lo seguía excitando cada vez más. Fue así como me pidió que la retire lentamente y una vez afuera, ofrecí continuar castigándome con azotes. Él estuvo de acuerdo, y fue así como después de muchos golpes en todo mí cuerpo, el amo volvió a eyacular.
Realmente el amo se excita mucho conmigo. Quiero hacerlo por siempre. Voy a hacerlo. El amo va a ser mío por la eternidad. Estábamos vagando solos en un mundo hecho para nosotros dos.
Esto es cada vez más perfecto. Confieso que tengo miedo de que sea así. Nos entendemos sin hablar. Entendemos nuestros silencios y nuestros gritos desesperados de deseo.

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