CAPÍTULO 2 - LA PERFECCIÓN

Desperté, ansiosa y agitada. Había llegado el día. “Hoy veré al amo” pensé, mientras buscaba mi celular para escribirle y darle mí saludo diario.
Había esperado mucho que esto pase, que se vuelva a dar la oportunidad de tenerlo frente a mis ojos, de sentirlo y de someterme a él.
Luego de conversar unos minutos sobre nuestro inminente encuentro, comencé, con la dedicación que me caracteriza, a preparar todo para que nuestra sesión sea perfecta. No quiero que le falte nada, todos los detalles deben estar correctos, debo satisfacer al amo, deseo desde lo más profundo que nunca se olvide de mí.
Prepare en, primer lugar, la Playlist que mas tarde se reproducira para ambientar el encuentro, sin buena música nada es lo mismo, los recuerdos funcionan así, mientras mejor es todo, más relevante, más se recuerda.
Mientras elegía la música, iba acomodando nuestra habitación. La mesa estaba en su lugar, correcta, de la medida justa. El sillón también. Pero me pregunté si llevando la cama a esa habitación no sería mejor, si no aumentaría el clímax del encuentro.
Volví a hablar con Él, sí así como lo leen, Él en mayúscula, es mí Dios, solo Él puede llevar mí imaginación a lugares tan remotos y excitantes como lo hace. Coincidimos en que era una buena idea.
Así que al combo de mesa y Sillón, agregamos la cama. Armónicamente ubicada. A su lado puse velas, aunque sea de día, quiero que haya velas, quiero la seducción que implica su tenue luz.
En mí mesa ratona negra, de mármol frío, puse nuestros juguetes, los que hoy usaríamos, acomodados minuciosamente, el látigo de un negro brillante y reluciente, a su lado sogas, las necesitábamos, ya que en nuestro encuentro pasado había roto las esposas. Además de la soga estaban las plumas, tan suaves y excitantes, un antifaz blanco y una caja con forma de corazón, que tiene un aceite, creo que nunca olí algo tan dulce y delicioso.
Hoy le agregaría a la mesa algo que Él deseaba mucho, desde la última sesión. Una fusta. Debo confesar que pensé como la usaríamos. Luego de que me dijo su deseo la semana anterior, busque on line imágenes, quería comprender el nivel de sufrimiento que me iba a causar, del placer que sentiría en cada golpe. Así fue como hoy había una fusta negra, de cuero y tachas plateadas en nuestra mesa.
Una vez que estaba todo listo, que cada cosa estaba en su lugar. Era mí turno. Debía comenzar a prepararme. Aproveche que el amo trabajaba para maquillarme, esta vez elegí ojos bien negros, para generar una mirada más intensa y los labios muy rojos, al amo le excitan mucho.
Luego de eso empecé a buscar un outfit ideal para el momento, me probé una camisola negra, una camisa y un vestido blancos, un blazer y un vestido negro. Con el amo estuvimos de acuerdo que la camisola negra era la mejor opción. Junto con eso una tanga, un portaligas y medias con encaje tres octavos negras. Obviamente a eso le agregué unos zapatos bien altos negros y rojos, nada como el sexo sobre tacones.
Mí rol en está oportunidad, fue parecer otra, por lo que en vez de un peinado disciplinado, opte por una peluca negra azabache con corte a los hombros, sabía que a Él le encantaba.
Una vez lista, comenzamos con nuestra previa, el amo ya estaba en camino, solo restaba esperarlo. Mi objetivo en todo momento es que el amo se sienta excitado y atraído hacia mí, que no deje de pensar en el momento en el que atraviesa mí puerta y me encuentra arrodillada, esperándolo.
Se preguntarán como logro mantener ese estado de fogosidad. Lo hago con fotos. No hay nada como una buena fotografía para despertar el deseo.
El amo me avisa que está a 5 minutos, por lo que me miro por última vez al espejo para ver que todo esté en condiciones, controlo la música y prendo las velas. Coincidentemente, Él me pide que lo espere como yo había pensado hacerlo, de rodillas y con los ojos cerrados.
Suena el timbre. Es Él. Mí corazón comienza a latir veloz, le abro y me quedo en mí posición. Escucho el ascensor y como se abre la puerta, estoy excitada.
Arrodillada, sin moverme y con los ojos cerrados, comienza a inundarme un mundo de emociones, mí respiración se transforma en jadeo, estaba detrás de mí; el momento que tanto espere, planeé y deseé se estaba haciendo realidad.
Él se apoyó en contra de mí cabeza, se agachó y comenzó a tocarme desde el cuello bajo por mis senos, mientras me susurraba al oído que mantenga mí posición.
Totalmente concentrada, para no olvidarme nada, escuchando lo que más puedo, siento algo suave por mí cuerpo, no podría describir que es, no lo sé tal vez alguna pluma, el látigo.
Siento el primer golpe. Una especie de electricidad recorre mí cuerpo, desde la punta de mis pies hasta el pelo. Comienzo a sudar. El amo se posiciona frente a mí y me ordena que le practique sexo oral, me encanta hacer eso, me vuelve loca y a Él también.
Me agarra de los brazos, me levanta y me apoya sobre la mesa, me toma del cuello con las sogas, me transporta a otro lugar quedarme sin respiración.
Me quedé extasiada, cuando vuelvo en mí, temblaba, estaba asfixiandome, realmente estaba ocurriendo.
Él me toma de las manos, las deliza sobre la mesa y me las ata, una a cada lado de la mesa. Levanta mí camisa, me pega con la fusta una y otra vez. Me agarra el pelo, con firmeza y me vuelve loca. Me sigue pegando, recordándome mis actitudes en los días anteriores, quise tener una actitud rebelde, merecía mí castigo, la sumisa debe obedecer al amo, estar siempre para el y por sobre todas las cosas respetarlo. Acepté mis errores, aprendí que no debía hacerlo otra vez, aunque si este es mí castigo, preferiría portarme así siempre, pero quiero a mí amo por siempre, voy a mantener mí actitud. Voy a hacer todo por él, mí vida, desde que lo vi, es Él.
Siento que se va hasta la mesa de mármol, vuelve, siento como las sogas del látigo acarician mí piel y siento el primer golpe, otro y otro. Nuestra relación no tiene límite, no hay Punto exacto de satisfacción para ninguno, es lo que más me atrae.
Él no es como cualquiera, nuestro sexo no es cualquiera. Estamos cansados de esos encuentros “vainilla” con sabor amargo. Queríamos experimentar cosas nuevas, y sin querer, el destino nos hizo encontrar, yo con una cámara de fotos y Él con su traje de carreras.
Debería seguir, quiero contar lo que siento cada vez que su piel roza mí piel, cada vez que su cuerpo está cerca de mí, después de los latigazos y fustazos, cada uno más intenso que su anterior, más desgarrador, más liberador. Llego el momento del sexo, el mejor sexo. Me hace volar. Lo hicimos en la mesa, un lugar con preferencia.
Después pasamos a la cama, casi instantáneamente, estaba encima suyo, haciendolo volar, haciéndole sentir placer, sentir todo lo que nunca sintió. Yendo de un lado a otro de la cama, cambiando de posiciones y sin dejar de lado el bendito sexo oral, terminamos nuestra sesión sadomasoquista satisfechos, liberados, sintiéndonos como nunca antes lo habíamos hecho, ni siquiera en nuestra primer sesión que creímos fue intensa.
Me equivoque, esto fue intensidad y fue placer. Fue un deseo acumulado satisfecho.
Después de cada sesión, es imprescindible un baño caliente y relajante, para aliviar la piel y relajar totalmente cada uno de los músculos.
Hoy decidí que unos masajes serían lo correcto para que el día sea perfecto, mí máxima en esto, la perfección. Por lo tanto, el amo acostado boca abajo y yo sobre Él comencé a hacerle masajes, con tanta dedicación y precisión como la que tuve para preparar nuestro encuentro. Lo necesitaba Él, yo también. Todas mis energías quedaron totalmente liberadas.
Mí deseo, mí perversión y mis intenciones estuvieron ocultas mucho tiempo, muchos años, reprimi esto que me libera, que me seduce y que me hace quererlo una y otra vez más fuerte, más duradero, más inagotable. Siempre me pregunto si amo pensará igual, espero que sí, mí imaginación, es una fuente inagotable de ideas, y tenemos un largo camino por delante, muchas sesiones, muchas fantasías que cumplir.
Nadie va a tener nunca esto, lo se, nadie nunca va a encontrar algo tan espontáneo y maravilloso.
Hoy fue el mejor sexo de nuestras vidas, de eso estamos seguros. Queremos repetirlo. No una vez más, muchas veces más. Queremos el mundo a nuestros pies y lo vamos a conseguir. Podemos todo.


Comentarios