Deseos de crucifixión

Una fantasía da vueltas en mí cabeza una y otra vez desde que descubrí este mundo de placer junto a Él, hace varios meses ya. Deseo que mi amo me crucifique.
Cada vez que cierro los ojos veo la imagen repetirse en mi cabeza. Es algo que me devora desde el interior, que siento que aflora, que se vuelve piel, algo que mí cuerpo pide y quiere, que necesita.
Necesito que Él me CRUCIFIQUE, sí, como leen. Lo necesito porque como les dije, es mí cuerpo el que lo pide y es mí mente la que no deja de imaginarse cada una de mis extremidades amarradas a la cruz, inmovilizándome.
Mí Amo lo desea, Él también lo hace. Quiero que me tome por los brazos y piernas y las ate a cada una de las esquinas de la cruz negra. Quiero que me tome por mí trenza, bien disciplinada, quiero ser su esclava, quiero que sea una sesión perfecta, como cada una de las que tenemos, sin obviar nada. Quiero, tal vez, que sea la mejor, que sea inolvidable.
Lo imagino rodeándome, sin parar, con su máscara, con su torso desnudo, con su jean medio caído y su calzoncillo asomado, y la idea me vuelve loca, cada vez más loca, lo deseo, deseo cada cosa que sale de Él.
Va a susurrarne que hacer para empezar al oído, o tal vez no. Deseo que no lo haga, deseo que me sorprenda con cada una de las cosas que haga esa noche. Deseo que me asfixie.
Y con esto último es con lo que quiero que comience nuestra sesión.
 Cuando Él me asfixia, llego a un estado, en donde siento que mí mente se libera mí cuerpo, en donde el mismo se despoja de todo dolor, en donde me siento capaz de soportar todo, en donde quiero que Él me haga sentir más, cada vez más de Él y de lo que tiene para darme, de todo lo que tiene para hacerme sufrir. Quiero que aproveche cada uno de los segundos que existen hasta que vuelvo a ser yo misma. Hasta que mi cuerpo vuelve a querer lo mismo, otra vez.
Se vuelve como una adicción a la inconsciencia, al dolor y al placer que genera.
Quiero que aproveche, entre cada momento de esos para pegarme con el látigo en mis piernas, quiero que las deje marcadas.
 Así como quiero que mis piernas queden marcadas, quiero que mí Amo saque de mí, sangre a golpes. Quiero que me pegue con tanta euforia, con tanta ira, que haga que mí cuerpo sangre, y que pase sus manos por ella, y la pase por el rostro y me obligue a lamerle sus manos para limpiarlas.
Deseo ver sangre, deseo sufrir, deseo estar totalmente rendida ante Él sin poder moverme, sin poder emitir sonido alguno, amordazada, crucificada. Sueño con esto, con el sonido tajante del látigo azotando mí piel, el sonido de la fusta, el calor de la cera de las velas recorriendo todo mí cuerpo, escucharlo a Él excitado, agitado, sentir como roza mí cuerpo con el suyo. Cómo me penetra, como me muerde.
Quiero que de esta sesión me queden cicatrices que me recuerden siempre algo que tanto deseé hacer con Él, con mi Amo, mi dueño.

Comentarios

  1. Buen día. Este será mi primer comentario en su blog. Me llama la atencion las escenas de crucifixión. Nunca lo he hecho y me gustaría practicarlo. Aun me hace falta tener una cruz aqui en mi casa, sin embargo contemplo hacer una. Excelente post!!

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